Comencemos con un poco de contexto, en estas líneas se preparaba un análisis lo más objetivo posible del trabajo de Jaime Ordiales como director deportivo de Cruz Azul cuando mi querido amigo Johan Corona me sugirió que escriba sobre lo que a continuación leerán.

En los últimos días se ha retomado la discusión de la importancia del entrenamiento mental en los equipos de futbol, particularmente la discusión se reforzó por los comentarios del jugador de la máquina celeste de la Cruz Azul, Ignacio Rivero que declaró en entrevista con TUDN que en Cruz Azul no trabajan en ese aspecto.

Y es que para empezar, tenemos que romper algunos prejuicios vetustos que en pleno 2021 aún se leen con regularidad.

La psicología va mucho más allá del cliché del terapeuta de lentes, con una libreta sentado a lado del diván con un paciente acostado contando sus traumas de la infancia. Desde hace muchas décadas la psicología estudia el comportamiento humano en todas sus facetas y ha explotado en investigaciones y teoría científica como las áreas laboral, educativo y social y a partir de eso, se ha particularizado el uso de las teorías psicológicas en áreas aplicadas, como la criminología, el derecho, la publicidad, el marketing, y entre otras muchas áreas, el deporte.

Dicho esto, la psicología del deporte no se trata de un psicólogo aplaudiendo a los deportistas y haciendo dinámicas para que salgan motivados al partido, (el problema es que hay muchos entrenadores a nivel profesional que creen que sí). La psicología del deporte se trata pues de un programa que va de acuerdo a la planeación del club en el que se busca que el deportista llegue al momento más importante de la competencia al máximo de sus capacidades físicas y mentales.

Como escribe José María Buceta, uno de los mejores y más reconocidos psicólogos del deporte en un texto publicado el 17 de Julio de 2018 en el diario español Marca:

El psicólogo del deporte es un especialista de la preparación mental, y el propósito de esta es contribuir a que los deportistas rindan lo mejor posible. Por tanto, el psicólogo debe conocer los objetivos deportivos y, en la medida posible, detectar e incidir en todo aquello que pueda afectar al funcionamiento mental de los deportistas con vistas a conseguir tales objetivos. Con este propósito, su actuación conlleva observar y analizar el entorno, las necesidades y el comportamiento de los deportistas, los entrenadores y cualquier otro actor implicado, incluyendo la interacción entre todos ellos; y requiere saber cuándo, cómo y sobre qué aspectos debe intervenir. Un error de psicólogos mal preparados o con poca experiencia, influidos por el entusiasmo, la ansiedad o la presión de quienes les contratan, es hacer cosas simplemente porque «algo tienen que hacer» (aunque de alguna forma lo justifiquen), como si observar y analizar para poder actuar cuando sea necesario, no fuera ya una tarea de suma importancia”.

 

 

Por otra parte, está el muy escuchado concepto de Coaching, y querido lector, te pido en este momento que olvides la imagen mental que estás teniendo de Diego Dreyfus o Daniel Habif quienes han sido catalogados como Coach cuando su rol es más de muy buenos actores con algunos conceptos filosóficos personales interesantes.

Para hacer Coaching, también se estudia, no necesariamente tienes que ser psicólogo pero si necesariamente se tienen que entender algunos preceptos básicos de la psicología, retomando otra cita de Chema Buceta ahora de su blog

“Otra vertiente diferente sitúa al coaching como un método de intervención psicológica, no directiva, para optimizar el funcionamiento de las personas a nivel individual o de equipo. A diferencia de otros métodos de intervención, la característica más importante del coaching es que el protagonista en todo el proceso es quien lo recibe (llamado coachee), por lo que la función del coach no consiste en transmitir conocimientos, dar su opinión, decir lo que hay que hacer, ser un motivador o juzgar lo que hace el coachee, sino ayudar, sin posicionarse, a que sea el interesado quien decida qué quiere lograr y que sea él quien encuentre su propio camino. Con este propósito, sin tomar partido, el coach es un facilitador que utiliza técnicas psicológicas para desarrollar una buena empatía y ayudar al coachee a reflexionar, mejorar su perspectiva de las cosas, poner en orden sus ideas, centrarse en lo que depende de él, tomar decisiones complejas, poner en práctica planes de acción y desarrollar habilidades.”

Es decir, es una herramienta que proviene de la Psicología del Deporte y que es muy útil en cierto contexto cuando se tienen los conocimientos necesarios para realizarlos.

Entonces quiero cerrar este texto de dos maneras, al más puro estilo del cine Hollywoodense y con dos finales alternativos en uno cito una de las frases que cientos de alumnos en psicología escuchamos alguna vez.

“No todos los enfoques en terapia sirven para todos los problemas o personas, y no todos los problemas o personas son para todos los enfoques de terapia”.

Con esto amigos quiero decir que si bien el Coaching puede ser útil en algún club con problemas emocionales colectivos mínimos, Cruz Azul necesita algo mucho más profundo, se ha ambicionado la identidad del club con una identidad derrotista y las herramientas que el coaching utiliza, por más bienintencionados que sean, son un perro ladrándole a Godzilla.

Y el otro final es una cita más, un último esfuerzo de poder explicar que el Coaching por sí mismo no es malo, el problema son los fantoches que se autodenominan Coach y que no tienen la ética suficiente para aceptar que el problema que enfrentan es mayor a los conocimientos que tienen para poder resolverlos.

El coach no es un motivador que vende entusiasmo y supuesta confianza: un vendedor de humo: “cumple tus sueños, si quieres puedes, la fuerza está en tu interior, bla, bla, bla…”, ni tampoco es un showman de la televisión, ni alguien a quien le gusta oírse dando consejos, sino un profesional que debe estar bien preparado para poder asumir la responsabilidad de ayudar a otras personas. Ser psicólogo ayuda, pero no es necesario serlo; sí lo es aprender la Psicología inherente a las competencias exigidas para ser un buen coach».