En un nuevo intento por querer hacer ejercicio como cada lunes, esta vez no tan fallido, se me apareció esta relación que me persigue: «Hay veces, no muchas ni tampoco pocas, que pienso en ti». Sí, te estoy hablando a ti, Cruz Azul.

«Y si acaso podría creer en algo, me gustaría creer» diría Babasonicos. Y creo que en realidad apelo a eso, a una creencia para pensar que en diciembre podría estar celebrando el título de mi equipo antes que mi título universitario. Bueno, al final de todo, la novena no es la felicidad (?).

A mi mente también apareció una escena de HIMYM, ¿qué posibilidad hay de que aparezca la chica que esperas a las 3 de la mañana cuando todos se han ido? diría Robin a Ted en otras palabras. Al final era eso: creer.

¿A qué voy con todo esto? Bueno, no es una sorpresa que Cruz Azul no es el equipo que mejor juega. Vaya, tampoco lo era cuando miraba desde arriba a los demás. Pero, como lo habíamos platicado en otros formatos de menos caracteres, los resultados eran una buena mascarilla para tapar las carencias; cual cubrebocas.

Te puede interesar: Porque te aprecio te pido más a futuro, Cruz Azul

Luego recuerdo que estamos en México, que el futbol es impredecible. Más de lo que el mismo deporte lo supone en sí. Incontables veces hemos visto que el menos favorito termina con las manos arriba. Y todos los demás procesos al olvido.

Así que, quizá esas bondades de nuestro futbol permitan que los cementeros terminen con otro diciembre feliz, como el del 97.

Hoy no te hablo del bajón de Jonathan Rodríguez, tampoco de las pocas ventajas que han ofrecido los laterales o de la falta de imaginación en el último tercio. Tampoco hay que ser fatalista, ¿la verdad? los últimos partidos me han dejado mejores sensaciones a pesar de tener el marcador en contra. Así que tan mal, tan mal, pues tampoco.

Esta vez simplemente quería expresar más bien lo que siento en lugar de lo que pienso.