Siempre me ha dado la manía de comparar al futbol con otros factores cotidianos. En esta ocasión me he centrado en cómo este deporte; o más bien, el sentir por un equipo, puede ser como el amor. Ahora me enfoco en el de las parejas; quizá porque últimamente veo contrastes hacia donde volteo entre plenitud y nostalgia. Y aprovecho para hablar de Cruz Azul. Seguramente todas las personas tuvieron algún gran amor. Llámese primer amor, amor de adolescente, amor de verano, qué se yo. Es probable que esa relación terminó y en los pensamientos abundaron ideas de no volver a sentir nuevamente algo similar. Quizá no fue por cerrarte a no experimentar, quizá fue involuntario, pero estaba esa convicción.

Foto: Cruz Azul

El tiempo hizo su labor medicinal y volviste a confiar. No sé cómo se le podría llamar a este amor ahora, quizá más ¿racional? No lo sé. Mejor armado que antes volviste a navegar y, si no hubo mucha fortuna o por una u otra razón, terminó.Supongo que todos se levantan de un amor inconcluso. Nadie ha muerto por amor, se parafrasearía a algunas palabras de Gabriel García Márquez. ¿Pero cómo te levantas de dos ciclos accidentados? Si te has repuesto para el tercer asalto, te admiro y te pido la fórmula.En 2013 confié con las entrañas, porque más que argumentos futbolísticos, una Copa Mx fue un envión bárbaro que derivó en un cierre de torneo prácticamente perfecto para colarse a la liguilla y volver a una final. ¿El desenlace? Ya lo conocemos.2018, aquí vamos de nuevo. Mayor solidez, mayor preparación y decepción aún mayor.2020: me gusta ver a mi equipo desde lo más alto de la tabla. Me gusta cómo suma de a tres puntos. Me gusta cómo gana incluso cuando no tiene una versión extraordinaria. Se le podría decir «flor», quizá la «suerte del campeón». No lo sé; es algo que va más allá de la estadística y el análisis.

Foto: Cruz Azul

Pero también hay algo que me frena; como si algo me dijera que ya he visto versiones goleadoras, versiones sólidas en defensa y también versiones complementarias. Y al final el desenlace fue hiriente.Por supuesto, no se trata de que el fallo pasado te imposibilite de volver a intentar. Simplemente te vas haciendo más cauto. Y quizá en esa línea he ido cayendo «en espiral» diría Porter hasta llegar al: bien, «te veo en diciembre», diría Depedro y Vetusta Morla.Aclaro: esto no me quitará la sensación de los momentos agradables en el camino. Porque al final, se consiga o no la novena, nadie me va a robar lo que sentí en todo el proceso.Pasito a pasito. Mucho por mejorar, aunque suene un poco aguafiestas. Pero hay tiempo.