No, no es una tristeza anormal sufrir de esta manera, de una forma irracional y descarada por seguir 90 minutos esperando un milagro desde el banquillo, donde quizás los partidos que veo sean otros y de verdad me equivoque para darles la razón pero en verdad, están totalmente equivocados.
Lo primero que pensé en la semana previo al juego ante Puebla fue: Vamos a sufrir por el bloque defensivo de Juan Reynoso y es seguro ver una alineación como la presentada en el segundo tiempo ante Santos, pero transcurrieron los minutos y el gol marcado por Santiago Ormeño me daban la razón con este equipo; gris, con poca generación, de problemas cercanos al área a la hora de defender, de algunos destellos individuales que engañan al aficionado y lo hace creer que por las bajas no se juega bien, un equipo con expectativas de gol más bajas que las de probablemente toda la liga, a falta de confirmar claro esta, pero que absolutamente me amargó, todo parecido a lo visto en pretemporada, a lo de hace un torneo o lo en aquel Mundialito de Clubes podrido, desde el vacío que provocó la salida de Matías Almeyda.

Reviví aquellos momentos tristes donde había que revisar la tabla porcentual tras los juegos de Leones Negros, Atlas y Veracruz, esos mismos donde nos reforzábamos con lo que fuera y creíamos tener oportunidades de calificar, al menos de sumar, un equipo al que le vi perder una final de Copa Libertadores y disputar una que otra semifinal pero volvía en un retroceso a ese gol de Aquivaldo Mosquera que corrió muy cerca de mí, en el Estadio Huracán de la otra semifinal desperdiciada y probablemente muchos momentos más marcados de nostalgia, en donde fui feliz pero que me hicieron recordar cómo este equipo se volvió uno más.
Me daban muchas ganas de explicar un cierto análisis de lo ocurrido en el campo pero simplemente ya no hay coherencia en decir que cada jornada dejas a tus dos mejores lanzadores de pases al espacio en las butacas, uno en las del estadio y otro en las de su casa. Este equipo pinta sus rayas de grises con el pasar de sus encuentros y no explicó precisamente que les falta los llamados “huevos” por que eso me da igual, el esfuerzo se nota pero no existe una idea de lo que se busca hacer, no entiendo porque hay dos mediocentros parecidos en el esquema o el porque se juega con dos puntas ofensivas que ni siquiera se van a complementar, ya no lo entiendo y verlo en el campo me da más tristeza por el equipo que algún día vi campeón. Seguro será mi culpa por basar mi estado de ánimo en esos colores que siempre llevaré en mi vida pase lo que pase y aún así, estoy aquí esperando respuestas a algo que ya sé y no pasará.
De no ser por lo mostrado en pocos partidos de los torneos a cargo de Luis Fernando Tena, en verdad entendería que no ha dado con la clave para hacer funcionar al equipo pero es hasta sobrado decir que parece lo olvidó y se busca defender siempre un resultado inexistente, el cual no compite y si se quiere, no se puede por la falta de idea plasmada, pura inercia de entrenamientos, juegan y pasan porque se conocen y no por que lo crean, provocando que me dé menos ilusión pensar en que todo esto mejorará con la dirección técnica actual.
Aún así, viviré con la esperanza del trillado: “Después de la tormenta viene la calma” pero si ese ciclo se repite pasarán dos o tres partidos en tener una baraja de técnicos “probados” buscando darle identidad a un equipo que ya se la dieron un holandés y un argentino, las mejores apuestas del club en bastantes años y sin menospreciar la era José Manuel de la Torre, caso especial por los jugadores que se tenían pero de esos tiempos  ya nada queda y debo sostener mis lagrimas hasta que pasen de tristeza a la alegría de otra final, la cual, se ve en otro umbral, en otro tiempo pero ojalá no en otra vida.